
Una duda nos asalta a todos con frecuencia... ¿cómo se me ve?
Qué piensan de nosotros quienes nos conocen un poco, qué quienes nos conocen un algo, y qué quienes nos conocen mejor.
Cuánto nos dejamos conocer para que los demás hagan de nosotros una idea.
Porque muchos de ellos no nos importan, pero otros sí, y algunos mucho.
Porque algunos somos asequibles al conocimiento, y otros no lo somos tanto.
Y vivimos con un título colgado que puede reflejar fielmente la realidad, nuestra realidad... una realidad que creemos cierta y puede ser falsa, o puede ser cierta y la falsea la imagen ajena.
Y nuestro interior duele cuando es conocido por alguien que no lo respeta, sangra si lo conoce alguien que lo pisotea, pero crece cuando lo comprende quien lo aprecia.
Ya sé que hay gente a la que no le importa esto, que va por la vida con cerebro y sentimientos planos... pero también sé de la gente que lo valora, que lo cuida y lo respeta.
Nuestro mundo íntimo está abierto a la intemperie, al alcance de dardos y pedradas.
Pero, aunque lo protejamos con escudos, abierto deberá estar si vivimos.
Por desgracia, morirá si lo cerramos.
¿A quién confiaremos nuestra esencia?... habrá que asumir el riesgo de la apuesta, tendremos que apostarlo en nuestra vida.
Y si perdemos... callados, volveremos. Levantaremos de nuevo la cabeza.
Y al fin... ¿cómo se me ve?... ¿hasta dónde importa?
Cuánto se agradece cuando alguien que lo vale se convierte en vidente de tu alma.
Gracias por eso.
Aunkeduelas.
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