miércoles, 21 de noviembre de 2007

La cerrazón


Nos empeñamos en malgastar nuestro tiempo buscando conflictos artificiales, aparte de los conflictos que la propia naturaleza y la propia vida nos regala.
No somos lo suficientemente inteligentes como para dedicar nuestro esfuerzo a resolver los problemas que naturalmente se nos presentan y disfrutar de los momentos de paz que se intercalan entre ellos.
No entenderé a las personas con ese empeño.
El de buscar y buscarse problemas, iniciarlos o inventarlos.
Me pregunto qué placer se encuentra en eso, qué se gana creando un conflicto donde no lo había. Porque esa lucha con los otros no trae satisfacciones, a no ser la perversidad del sentimiento de verlos vencidos, angustiados o fastidiados.
¿Y qué sacan de eso? ¿Qué ventaja para sus propias vidas?
Un día, y otro, y otro, estrujando el cerebro para intentar conseguir el mal ajeno, supongo que con la única satisfacción de ver o de pensar que el otro sufre, o pierde, o, al menos, no está tranquilo.
Sin darse cuenta de que, al mismo tiempo, ellos están perdiendo su valioso tiempo, sin dedicarlo a su propio provecho, a su propia felicidad.
No lo entiendo, pero ellos tampoco lo entienden.
Por más que se les diga y se le explique. Sólo contestan… yo sigo adelante hasta el final, yo no me rindo. Pero ¿hasta qué final? ¿qué premio conseguirán?....

Me da mucha pena la sociedad, cada vez una parte más ancha de ella, perdidos en sus nimiedades, en sus peleas y luchas ridículas, sin pararse a pensar ni un minuto qué es su vida, qué van a hacer con ella antes de que se acabe.

Infelices... qué ganarán, qué perderán... como decía Aute.

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martes, 6 de noviembre de 2007

Rebelión


Rebelarnos contra la vorágine, la marea que se jacta de obligarnos y soltar amarras del torbellino que nos envuelve.

Momento a momento vivimos obligados.
Multitud de actos, deberes y necesidades.
Obligaciones extrañas, incomprendidas por absurdas,
habituales por deber, irrenunciables por temor.

Muchos tipos comparten el “grupo social”, pero dos hay contrapuestos:
Uno, inconformista, pensador, crítico, libre.
Otro, peluche feliz, hueco, acelerado, espectro.

Uno se levanta por la mañana pensando qué hará hoy o qué debiera hacer.
Cómo intentar ser libre en su propia libertad.
Cómo intentar que su trabajo valga la pena, aunque sólo sea para él mismo.
A quién dirigirse para ganarse o para perderse.
Qué recuerdos y qué futuro debe vivir hoy.

Otro se levanta sabiendo ya lo que hay que hacer.
Seguir la rutina diaria sin error ni retraso.
Seguir el trabajo de ayer, satisfecho igual que ayer.
Sonreír al resto de bustos sonrientes.
Su vida hoy, sin ayer ni mañana.
Ningún cómo, ningún qué.

Cómo se acuesta uno…
Satisfacción ignorante, sueño tranquilo, cara de ángel.
Cómo se acuesta el otro…
Duda creciente, inquietud de vida, desasosiego.

Y cuando ya es tarde, cuando falta tiempo…
la pregunta...
el ansia urgente de conocimiento…
o la huída fácil, la entrega ciega... sin pensamiento.

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domingo, 28 de octubre de 2007

Rarezas


Raros los que piensan, porque no se dejan llevar por la fuerza del rebaño.
Raros los que sienten, porque no miran hacia otro lado dejando pasar la vida.
Raros los que critican, porque no entienden que el mundo debe ser como se les muestra.
Raros los que conversan, porque ya pasó el tiempo del diálogo.
Raros los que ayudan, porque ser bueno provoca sólo risas.
Raros los que quieren, porque no saben que no se les devolverá nada.
Raros los que aman, porque su amor puede acabar recibiendo desdén sólo.
Raros los que trabajan, porque malgastan su tiempo en hacer lo que puede hacer otro.
Raros los comprometidos, porque desconocen que su interés caerá en saco roto.
Raros los que mantienen su palabra, porque están solos en un mundo de engaños.
Raros los libres, porque la libertad sólo es para locos.
Raros los compasivos, porque su sentimiento nunca será comprendido.
Raros los amigos, porque pocas veces serán correspondidos.
Raros los pacíficos, porque no son más que cobardes.
Raros los que ríen, porque no están cuerdos.
Raros los que lloran, porque son débiles.
Raros los sinceros, porque la verdad no interesa.

Bienaventurados los raros, porque sólo ellos están vivos.

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domingo, 21 de octubre de 2007

El sentido de mi vida


La vida nuestra tiene un sentido que no podemos apreciar con los sucesos cotidianos y ordinarios que nos acontecen. La sucesión de hechos simples que vivimos desde que amanecemos hasta que anochecemos cada día no la explican ni justifican. Son sólo el borde del camino, el paisaje que nos rodea y que vemos pasar según avanzamos sin detenernos. A pesar de que pueden envolvernos y conseguir ser el centro de nuestro pensamiento, de nuestra acción y nuestro argumento.

La vida -el sentido de la vida- no tiene que ver con eso.
La vida tiene un sentido propio en sí misma.
Es un concepto y una realidad que poseemos desde que nos fue dada.
La vida somos nosotros. En nuestra más profunda vivencia. En nuestro profundo ser más íntimo.

Adornada con pétalos y espinas. Con días y noches. Con luces y sombras.
Pero los adornos no sirven, no explican ni fundamentan la existencia.
La existencia es el tronco, no las flores, ni siquiera la corteza.
Las flores embellecen, las espinas molestan, la corteza cubre, pero la vida es la esencia.

Nos dejamos cegar por las cunetas, sus colores, sus piedras, sus cardos, sus cerezas…
Y olvidamos la luz misma del camino.
La luz propia, nuestra luz… la que nos ofrecieron gratis cuando aquí caímos.

El regalo más hermoso y más grande… nosotros mismos, únicos, diferentes.
Unidos nuestro cuerpo y nuestra alma en un ser difícil, complejo y perfecto.

Vivir la vida mirando al frente.
Salir de esas cunetas y no perderse en pequeñeces.
No olvidar quienes somos… nosotros mismos, independientes.
No perder la vida, no perder el tiempo.
No agacharnos ni bajar la cabeza.

Puede ser el mismo sentido de la vida el motor que nos mueva.
Si somos capaces de no perder el horizonte.
Si miramos adelante con la mente abierta.
Si no nos ahogamos en angustias inútiles.
Si, con todas nuestras dudas, nos sabemos hombres y mujeres libres.

Si, al final, morimos satisfechos, tranquilos y serenos,
por haber encontrado el verdadero sentido a nuestra existencia.

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martes, 16 de octubre de 2007

Oporto ("Porto")


Nunca me defrauda.

Nunca he vuelto de Portugal defraudado.
Tantas veces que he ido a ese hermoso país, tantas veces que he vuelto encantado.
Con la sensación de que estoy en casa, más que en muchas otras regiones de España.

Su gente tan especial, su ambiente cálido y amigo.
Su vida intensa.
El movimiento y el calor que fluye en el aire y en las calles.
Su idioma, que entra en tu interior, amable, acariciando.

He estado una vez más en Oporto estos días, este puente.
He disfrutado una vez más de su vida, de sus gentes, de sus francesinhas, de sus “tripas” (nuestros callos), de su bacalhau y su vinho verde.
He vuelto a sus bodegas.
He vuelto a comer en Matosinhos y he vuelto a sentarme en la Ribeira.

Precisamente allí, en la Ribeira, en esa Ribeira que se ve en las fotos, sentado en una terraza y tomando una cerveza, estuve con una mujer portuguesa que, no me acuerdo a cuento de qué, me soltó lo único que se me quedó grabado de ella: “...al fin… ¿no somos españoles y portugueses como hermanos?...”.
Y sí, se me quedó grabado, porque eso es precisamente lo que siempre he sentido. Siempre he estado en Portugal como en mi casa.
Siempre como hermanos.

He pasado unos días tranquilos, a gusto.
Cada día quiero más a Portugal.
Al lado de mi Atlántico dorado.
Vengo con aires nuevos y con bríos renovados.

Gracias, Portugal.
Gracias, amigos portugueses.

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sábado, 6 de octubre de 2007

La carretera y yo

Ya sé que suena a copia, a plagio.

Aunque esta copia más que nada suena a prosa.
Pero el título es así, qué voy a hacerle, porque así me sale… porque la carretera es mi Platero… aunque a ella yo aún no le he dado ningún nombre.
La carretera y yo… juntos y revueltos.
Un ser único formado por dos aventureros, ella y yo, y yo y ella.

Dulce Platero trotón, burrillo mío,
que llevaste mi alma tantas veces
—¡sólo mi alma!—
por aquellos hondos caminos...

No puedo describir la sensación que tengo cuando me lanzo al viaje y huyo del hormiguero humano de la ciudad (por lo de hormigas… y por lo de humanos).
No puedo porque no sé plasmarlo en palabras.
Yo solo… a veces en el coche, a veces con el casco y mi niña de dos ruedas. Da lo mismo.
Nos quedamos solos y nos hablamos.
La carretera y yo, o yo y la carretera.

Esa sensación tan profunda de paz que siempre he sentido con ella.
Cuando era todavía niño y adolescente, en viajes familiares, mirando y evadiéndome por la ventana, soñando, imaginando, amando y siendo amado por la naturaleza que volaba ante mis ojos.
Ya entonces me podía lo romántico.
Y después, de adulto, ese amor mutuo que se ha hecho más profundo y más intenso.
Me sigue pudiendo.
¿Podré decir que es mi mejor cómplice?... mi carretera… los caminos… el paisaje… la naturaleza… y yo con ella.

Ahora, a mis años, salgo a verla... a estar juntos, acompañados de la hierba, de los árboles, de los campos, de los algodones de nubes allí arriba... saludando.
Con la música de las ondas o con la música del aire y de la tierra.
Ahora salgo y me emociono... me alegro y me entristezco, depende.
Río y lloro.
Lloro mucho cuando la vida me aprisiona… y ella sola me consuela.
Pero lloro de verdad, con lágrimas de las buenas.
Y río también de verdad, cuando puedo, y los ojos se me alegran… y suelo dar golpecitos con la mano en el volante o en los manillares, según sea, compañeros de esas risas y ese gozo.

Mucha gente no lo entiende. Me preguntan si me aburro.
Pobre gente.
No saben cómo es, no saben qué momentos...
No saben que viven en la tierra.

Lo que pierden…

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domingo, 30 de septiembre de 2007

Estrella fugaz


(A una estrella fugaz, …para ella)

A ti, estrella fugaz, que borraste con tu estela el espejista brillo de otra estrella.
Que entraste en mi guarida y limpiaste mi carcoma negra y pérfida.
Ilusión de un alma, asidero salvador de mi corazón adverso.
A ti, lucero que abrió mis ojos de la oscuridad gris y siniestra.

A ti, sueño reciente y tan cercano.
Corazón soñado, imaginario y libre.
Esperanza de vida… vida antigua y vida nueva.
A ti, ave del cielo, antojo de mundo nuevo.

A ti, fantasía de un alma suplicante y triste.
A la que abrí, novato, mi tesoro, grande o pequeño.
En quien confié mis ansias nuevas, mis ansias todas.
A ti, estrella a quien quise aferrarme como hombre y niño.

Estrella que te fuiste… como otras.
Estrella preciosa, fugaz, que me huiste…y lo merezco.
Como otras, tú no fuiste, a mi pesar, destino mío.
Tú tienes otra senda más brillante y luminosa.

Quiero que sepas que mi corazón está contigo.
Que mi agradecimiento hacia ti va dirigido.
Que formas parte ya de mi bagaje.
Que enriqueces mi experiencia y mi talega.
Que mi olvido… para ti no cuenta.
Y mucho menos mi rencor o mi deuda.

Gracias por todo eso, por tu existencia.
Gracias por cruzarte en mi camino.
Gracias por abrir mi corazón y mis ojos.
Gracias por borrar lo que borraste.

Tú has enriquecido, sí, mi alma.
Me has ayudado, sí, a ser más hombre.
Me sacaste de tinieblas tan oscuras.
Sin quererlo… lo sé… pero lo hiciste.

A ti, estrella fugaz, sueño vivido.
Que tu senda acabe en un buen puerto.
Que seas feliz al fin, que lo mereces.
Que encuentres, al fin, tu firmamento.

Aquí me bajo, aquí me quedo.
En busca de otra estrella.
Con la esperanza amiga.
Con mi certeza de que nunca cederé en ella.

Hasta siempre… hasta pronto.
Y te quiero.

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domingo, 23 de septiembre de 2007

Insomne


Entre todos los insomnios, sólo ése.
El que viene sin pedirlo, el que inyecta inquietud en el espíritu, el que hace que la vida se prolongue.

No sé si la vida que me sobra ya me agrada o desagrada.
No sé si las horas de vigilia son perdidas o ganadas.
Tanto tiempo ya… tanto insomnio… tanto rato despierto mientras el mundo duerme.
¿Estoy vivo yo? ¿Están muertos ellos?.... ¿O acaso soy yo el muerto?

Al cabo de tantos años, tantas experiencias, tantas ideas raras… tanta loca de la casa.
Cuántas cosas y cuántas actividades habré vivido ya en esa vida doble que me sobra.
Cuántos pensamientos, cuántas lecturas, cuántos paseos…

Muchas veces he pensado en esto… (¡cuánto pensamiento!)
Por qué el insomnio prefiere a unos sobre otros.
El cerebro, la fisiología, los nervios, la persona… o es el alma nuestra.
El interés, la culpa, la preocupación, la pena, el ansia, el corazón, la amistad, hasta el amor… ¿son tan distintos que tan diferente ocupan la conciencia?

La noche con mayúsculas…
Qué tiene que ver tu noche con la mía, mi amiga y mi enemiga, mi cómplice y verdugo.
Y con ella el insomnio que me llama por mi nombre, que me quiere y me abraza como un oso.
Con su abrazo grande y tierno de espinas largas… que me pinchan y me sangran.

Esa vida que me sobra, como digo, no sé si me agrada o no me agrada.
Tengo dos vidas, o una vida doble… con ventaja y desventaja.
Tengo un baúl más lleno… pero a costa de sangre vomitada.
Qué elijo… si pudiera.

A estas alturas, ya no sé lo que prefiero.
Ésta es mi vida, la que siempre me acompaña.
Llevamos mucho andado juntos.
A estas alturas, yo creo que ya nos queremos… y que ya no podremos nunca despedirnos.
Amigo insomnio, aunque no te guste de este modo… aquí tienes a tu alegre amante insomne.

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Gracias a una buena amiga mía, Tchivinguiro,
que me honra inmerecidamente,
tengo la ilusión de poner aquí un regalo suyo,
"Insomne" en mi querido portugués:

Insónia

Entre todas as insónias, só isso.
A que vem sem o pedir, a que injecta inquietude no espírito, a que faz com que a vida se prolongue.

Já não sei se a vida que me sobra me agrada ou desagrada.
Não sei se as horas de vigília são perdidas ou ganhas.
Tanto tempo já… tanta insónia… tanto instante desperto enquanto o mundo dorme.
Estou eu vivo? Estão eles mortos?... Ou acaso sou eu o morto?

Ao cabo de tantos anos, tantas experiências, tantas ideias raras… tanta louca da casa.
Quantas coisas e quantas actividades terei já vivido nessa vida dupla que me sobra.
Quantos pensamentos, quantas leituras, quantos passeios…

Muitas vezes pensei nisto … (quanto
pensamento!)
Por
quê a insónia prefere uns sobre outros.
O cérebro, a fisiologia, os nervos, a pessoa… ou é a nossa alma.
O interesse, a culpa, a preocupação, a pena, a ânsia, o coração, a amizade, até o amor… são tão distintos que tão diferente ocupam a consciência?

A noite com maiúsculas
Que tem que ver a tua noite com a minha, minha amiga e minha inimiga, minha cúmplice e verdugo/carrasco.
E com ela a insónia que me chama pelo meu nome, que me quer e me abraça como

um osso.
Com seu abraço grande e terno de espinhas compridas… que me picam e me sangram.

Essa vida que me sobra, como digo, não sei se me agrada ou não me agrada.
Tenho duas vidas, ou uma vida dupla… com vantagem e desvantagem.
Tenho um baú mais cheio… mas à custa de sangue vomitado.
Que elejo… se pudesse.

A estas alturas, já não sei o que prefiro.
Esta é a minha vida, a que sempre me acompanha.
Levamos
muito tempo juntos.
A estas alturas, eu creio que já nos queremos… e que já não poderemos nunca despedir-nos.
Amiga insónia, ainda que não te agrade deste modo… aqui tens a tua alegre amante insónia.

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domingo, 16 de septiembre de 2007

Miradas


A veces, más que reflexión necesito un desahogo...

La mirada que fue indiferente, que fue después interesada, que fue cercana, que fue amiga, que después fue amante, que fue cansada, distraída, que se hizo distante e incluso hiriente... ahora parece sensible, interrogante...

El mundo de una mirada, su correr por el tiempo, puede ser el argumento de un tratado y el argumento de una vida.
Cómo dos personas pueden unirse o separarse por la mirada... la mirada viva naturalmente, no la mirada muerta y seca, que suple su deficiencia con cadenas.
Cómo se unen y separan dos almas en uno, dos, tres minutos.... un mundo en un instante.
Qué facil es la unión y qué facil la separación por la mirada... una, dos, tres miradas.
Cuánto amor y cuánto dolor puede darse en un segundo de mirada. Un segundo más valioso que un diamante.

¿Y cuando la mirada no coincide con los hechos? ¿Y si no coincide con los dichos?

Siempre me guié por la mirada.
Separé los vivos de los muertos por su mirada, y me dediqué a los vivos.
Los vivos que me hacen reir y llorar, y también los que me intrigan, mirada difícil pero atractiva, mirada profunda, mirada íntima.
Siempre pensé que sólo quería vivir con quien "mirara", con quien "viviera".

Y cuántas alegrías y sensaciones me han dado las miradas. Y cuántas penas.

Ahora, en la paz del tiempo, en la melancolía del pasado, en la calma del cansancio... la mirada vuelve a despertarme y a interrogarme.
Sé que no quiere respuesta... o ya la tiene.
No busca acción, ni premio, ni castigo.... no busca nada.
La mía tampoco.
Pero qué riqueza tiene esa mirada... y al fin y al cabo, qué pérdida.

Sólo es mi desahogo dirigido al cielo...
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martes, 11 de septiembre de 2007

La orilla de la vida


En los últimos tiempos llega a mis oídos muy frecuentemente un canto de moda.

No quiero llorar más, quiero pasar la vida alegre, no quiero problemas ni preocupaciones. Sólo quiero el día a día tal como viene.

Pasar por la orilla de la vida. Ésa es la idea que ocupa cada vez más la cabeza de tanta gente.

No quiero saber nada, quiero disfrutar, no quiero pensar, no quiero sufrir, no quiero conflictos.

No quieren abrir los ojos ni estar despiertos.

La orilla de la vida, frontera del espíritu entre la vida y la muerte.
Una línea estrecha, con un pie a cada lado, inclinados hacia el vacío.
Lejos del paraíso, de los tesoros, de las manzanas… de las risas y las lágrimas. Lejos de su esencia, tan sólo paseando por la orilla.
Dónde está el crítico, el dialogante, el pensador, el vivo.
Cuánto veo al sometido y al soberbio. Al fantasma, al muerto.

La orilla de la vida… un lugar común, frecuentado y lleno de almas desiertas.

No me cuentes. No me digas. No me inquietes... Eres raro.

Sí, soy raro. Somos raros. Quedamos unos pocos.
Buscamos la espesura, descubrir la vida cada día, esperar en la esperanza, llorar los sentimientos, afligirnos por nosotros y por otros, y reírnos como nadie.
Tengo el corazón contrito, sí, lleno de llagas y heridas, de trozos que di a cada uno de los que quise, y a los que amé desinteresadamente.
Aunque muchos llenaron esos huecos que quedaron… muchos otros también dejaron huecos vacíos y yermos.

Pero… bueno, sé que no estoy solo. También conozco a otros raros y me entiendo.
Alguien que habla, piensa, siente, llora, ríe y quiere.
Alguien sin soberbia. Alguien que conversa. Alguien que comprende.
Y alguien que sufre y por quien sufro.

Alguien que sólo quiere llegar a la orilla de la vida cuando llegue la muerte.

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miércoles, 5 de septiembre de 2007

Terminó el verano.


A pesar de los deseos nuestros y con la impotencia de ver el final que no dominamos, se acabó el verano.

El sol que habíamos esperado desde la fría oscuridad de invierno, que llega y nos ilumina y nos calienta y nos alegra, y pensamos que será eterno y que nada ni nadie lo oscurecerá... se aleja, se silencia.

Volverá el otoño y volverá el invierno.
Y volverán los trabajos, las penas, los sudores, las luchas y las cuevas.

Ese sol, rey astro, que todo lo puede y todo lo gana, vuelve la cara.
Sigue su camino, hacia su futuro... que no es el nuestro.
El sol que tantas penas y heridas curó con su cercanía, curará otras penas y otras heridas, ya no las nuestras.

Recomenzamos de nuevo, otra vez... el otoño... el invierno.
Y todo continuará, como siempre... con la esperanza en nuestro andar de otra primavera, otro sol y otro verano.

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viernes, 31 de agosto de 2007

Cómo se me ve...


Una duda nos asalta a todos con frecuencia... ¿cómo se me ve?
Qué piensan de nosotros quienes nos conocen un poco, qué quienes nos conocen un algo, y qué quienes nos conocen mejor.
Cuánto nos dejamos conocer para que los demás hagan de nosotros una idea.

Porque muchos de ellos no nos importan, pero otros sí, y algunos mucho.
Porque algunos somos asequibles al conocimiento, y otros no lo somos tanto.
Y vivimos con un título colgado que puede reflejar fielmente la realidad, nuestra realidad... una realidad que creemos cierta y puede ser falsa, o puede ser cierta y la falsea la imagen ajena.

Y nuestro interior duele cuando es conocido por alguien que no lo respeta, sangra si lo conoce alguien que lo pisotea, pero crece cuando lo comprende quien lo aprecia.

Ya sé que hay gente a la que no le importa esto, que va por la vida con cerebro y sentimientos planos... pero también sé de la gente que lo valora, que lo cuida y lo respeta.

Nuestro mundo íntimo está abierto a la intemperie, al alcance de dardos y pedradas.
Pero, aunque lo protejamos con escudos, abierto deberá estar si vivimos.
Por desgracia, morirá si lo cerramos.

¿A quién confiaremos nuestra esencia?... habrá que asumir el riesgo de la apuesta, tendremos que apostarlo en nuestra vida.
Y si perdemos... callados, volveremos. Levantaremos de nuevo la cabeza.

Y al fin... ¿cómo se me ve?... ¿hasta dónde importa?
Cuánto se agradece cuando alguien que lo vale se convierte en vidente de tu alma.

Gracias por eso.
Aunkeduelas.

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domingo, 26 de agosto de 2007

Anhelos...


Tantas veces echamos de menos un hombro...
Sólo su sentimiento para saber que ahí estaba, callando, entendiendo, apoyando.
Un hombro donde reposar la mochila, llorar y dormir después, cerrar los ojos y descansar.
Comprensión, ánimo... y paz.
Nada más, y todo eso.

Tanto tiempo esperando al genio con su deseo. Tiempo perdido.

Es muy tarde, estoy cansado.
Se inicia la tarde de mi vida, el sol camina hacia el poniente... sereno, constante.
Sin tenerme en cuenta, sin hacerme caso.
El alma rebelde, intranquila y amarga, aguanta sin auxilio y sin consuelo.
Espera el atardecer, sólo aguarda.

Queda menos...
Una vida prestando el hombro.
Una vida necesitando de otro.
Mientras tanto, la mochila llena duele como un muerto. Alborotada, caótica.
Lágrimas que no tienen donde caer, solas y secas, desengañadas.

Tanta gente conmigo, tantos amigos, tanta familia, tanta alegría... pero sin hombro.
Tanto prestar el mío, tanta ilusión, tanto despego.
Tanto cansancio.

Tanto anhelo de encontrar uno que descargue mi peso. El alma llena.

Miro al cielo y veo luceros.
Quizás no busqué allí arriba.
¿Y si alzo la mirada? ¿Y si no miro hacia el suelo?

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miércoles, 15 de agosto de 2007

Esperanza


Hoy sólo tengo ganas de estar solo.
De dedicar mi pensamiento a un pensamiento.
De tener esperanza y contagiarla.
Hoy estoy también leyendo.



Y me acompaña Miguel Hernández:

Pintada, no vacía:
pintada está mi casa
del color de las grandes
pasiones y desgracias.

Regresará del llanto
adonde fue llevada
con su desierta mesa,
con su ruinosa cama.

Florecerán los besos
sobre las almohadas.
y en torno de los cuerpos
elevará la sábana
su intensa enredadera
nocturna, perfumada.

El odio se amortigua
detrás de la ventana.

Será la garra suave.

Dejadme la esperanza.