jueves, 19 de marzo de 2009

Buen día para ser el primero


Tanta vida, tantas cosas, tantos sucesos.
Tanta ceguera para no distinguir unos de otros,
ni el grano de la paja, ni las joyas de las miserias.

Joyas preciosas en una vida.
Algunas de ellas –elegidas- mundo y sustento.

Y la vida corre, y la vida llena, y las joyas crecen.
Y yo... un imbécil.

Corriendo detrás de fantasmas con los que tropiezo.
Aspirando y añorando lo que no tengo.
¿Y para qué lo quiero?
Harto estoy.

Menos mal, imbécil,
que la lucidez de vez en cuando vuelve a tu cabeza.

Hoy es un día de esos,
hoy voy a sacar brillo a quien lo tiene y a quien lo merece.

Hoy es un buen día,
hoy hace sol,
hoy es fiesta,
... estoy con ellos.

Y estoy más sano y más fuerte.

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jueves, 5 de marzo de 2009

Hoy


Tan fácil y tan difícil,
alegría y pena cambiando de mano,
ojos preciosos, radiantes,
soles de invierno,
ojos tristes, ángeles caídos,
marcando minutos.

Sonrisa de beso, cálida mirada,
lágrimas presas, dolor ahogado,
marcando minutos.

Amor escondido.

Preguntas, respuestas... cariño, miradas,
lazos por dentro, nudos por fuera.
Mañana invernal en el invierno del alma,
almas juntas,
enfrentadas,
almas gemelas y distantes,
marcando minutos.

Café amargo.

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miércoles, 28 de enero de 2009

Cadenas oxidadas


Esta expresión que alguien cita en un correo personal me hace reflexionar de nuevo sobre mi vida.

Hay cadenas en nosotros que están vivas y vigentes, y hay otras cadenas que están oxidadas, casi muertas. Y las dos encadenan por igual.
La diferencia es que las primeras forman parte de nuestra vida actual y participan en ella para lo malo y también para lo bueno. Son cadenas aceptadas, incluso deseadas.

Pero las cadenas oxidadas, ¿para qué sirven?

Sujetas por el pasado o por los recuerdos, se alargan en una sucesión de eslabones que alcanzan nuestras manos y nos esclavizan.
Unas veces porque no podemos, otras porque no queremos, o porque no nos atrevemos, continuamos atados a ellas como perros famélicos a carne envenenada.
A nuestro pesar, forman parte de nuestros días, limitándonos, haciéndonos sufrir o llorar... y ahí seguimos.

Me dice que es más fácil y más aconsejable romperlas que intentar hacer que recuperen de nuevo su esplendor.
Pero tantas veces te agarras a ellas pensando que lo que hay al otro lado, que ya no es sino un edén marchito, todavía conserva su imagen fabulosa. Aunque no sea cierto, aunque ya no la veas, no quieres borrarla de tu fantasía.
Y tantas otras no eres tú el que se agarra. Porque el otro extremo está sujeto por alguien que quiere mantenerte así, y así las prefiere, enteras, pero oxidadas. Por el motivo que sea... bien o malintencionado.
Tú simplemente no te sueltas por el escuálido hilo de luz que corre por ellas, sabedor de que morirá si las cortas.
Por las migajas de pan que, de cuando en cuando, te traen a la boca y van prorrogando penosamente la agonía, pero que agradeces cada vez como un manjar del cielo.

La reflexión no puede ser otra.
No sirven. Sólo tiranizan. El extremo opuesto está más que muerto.
La vida no volverá a pasar por ellas.

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martes, 20 de enero de 2009

Perdidos entre la niebla


Te envidio a ti.

Cuando pienso en ti y en mí.
Cuando pienso que las facilidades de los dos no fueron las mismas. No.
¿Acaso no es cierto que según nos hace la naturaleza, según el sexo que nos tocó por nacimiento, las ventajas o desventajas cambian?

Pues así, incluso, con desventaja por nacimiento, me rebelé, me decidí por la revolución y la llevé a cabo.
Perdí... lo sabes. No pude ganar a mis espaldas.
Tú, en cambio, por la ventaja contraria, no hizo falta que te vistieras de guerrillera.
Sin armas, sin guerras y sin luchas... ¡Dios mío, mis luchas!... tomaste una determinación contra una injusticia similar y ganaste.
Nadie te puso una zancadilla a partir de entonces.
Y te envidio.

Te envidio por lo conseguido y te aplaudo por la decisión de llevar adelante tus propósitos sin ceder un palmo... aunque te envidie, o aunque te odie.
Yo, vencido, sigo peleando por conseguir esos propósitos que tengo claros, y que ya no son revolucionarios.
Pero una soga que conoces bien los voltea para que no pueda sujetarlos.
Sigo peleando por no dejar que se pierdan día tras día entre la niebla.

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martes, 23 de diciembre de 2008

Felices días


Ya sé que a mucha gente no le gustan estos días, por unas razones o por otras.
Y son comprensibles, y lo entiendo bien. Quizás alguna vez me encuentre entre ellos.

Pero todavía a mí me gustan.
Por los recuerdos de vivencias pasadas, felices y llenas de ilusión.
Por las ganas de revivirlas, o recordarlas al menos.
Y porque todavía hay mucha gente a mi alrededor con quien celebrarlas, personas cercanas y alegres, cuya alegría se me contagia (aunque otros ya no estén y su recuerdo se haga presente).
Esta gente hace que pierda la tristeza, olvide lo que no merece la pena recordar y medite sobre el valor que le damos a tantas pequeñeces de la vida... castillos de humo que creamos en ella de forma baldía.

A todos quiero felicitar.
Que paséis al menos unos días felices, alegres y tranquilos.

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viernes, 5 de diciembre de 2008

Escritores del amor



No sé escribir sobre el amor.
Es mi vida, mi alegría, mi tormento, mi motor y mi muerte... pero no sé escribir sobre él.
Su fuerza y su sentimiento sobrepasa mi inteligencia.
No puedo llegar a sus talones, soy una hormiga y él un gigante.
No puedo hacerlo.

Pero hay personas, llenas de amor, que lo saben tratar de tú a tú.
Que escriben y expresan magistralmente el sentimiento y la sensación de gusano inquieto que el amor te produce en las entrañas y en el pensamiento.
Al leer sus palabras y sus frases, sus poemas y sus prosas, reconoces a la primera a tu compañero.
El que desde siempre, desde joven, y de mil maneras, te ha acompañado y acompaña todavía tu paseo por el mundo, desde dentro. El que hace que estés vivo. El que te hace ver un dios o una diosa en esa persona cierta.
Tu dios o tu diosa en este viaje particular tuyo.

Descripciones y narraciones magistrales realizadas por personas especiales, que sienten y viven el amor en todo su esplendor y en toda su profundidad.
Que te hacen sentir cómodo o incómodo, pero nunca indiferente.
Da gusto leerlas.
Da gusto conocerlas.
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jueves, 20 de noviembre de 2008

Condena



Porque hago daño.
Porque fallo a quien no debo sin quererlo.
Porque suelto la mano que confía en mí en busca de un aliento.

Cuántas veces lo he hecho y lo estaré haciendo...

Cuando rompo la alegría de su rostro sin consciencia.
Y el remordimiento roe sin piedad en mis adentros.
Cuánto duele la herida de quien quiero,
si esa herida se provoca por mi empeño.

Al viento y al aire se lo he dicho,
que el viento lo diga a quien escuche.
Que la pena no quiero que se guarde,
porque quiero que se pague como debo.

La tristeza y la caverna son el precio... como siempre.


(repitiendo)

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domingo, 16 de noviembre de 2008

Experiencias revividas


No sé por qué, a pesar de haber nacido y vivido siempre en ciudad, me ha llamado tanto la atención y me ha gustado tanto el campo y los pueblos.
Quizás por los breves espacios de tiempo veraniego que, de niño, pasaba con mi abuela en su casa de pueblo.
Por su bodega, su desván, su corral, su chimenea enorme de campana, sus trastos viejos....
Por mi tío abuelo que me llevaba a pescar cangrejos después de haberme pedido que le consiguiera algunos pardales con la escopeta de balines para hacer de cebo, que me llevaba a buscar la leche a casa del vaquero, que me enseñaba los toros bravos cuando pasábamos entre ellos con su “dos caballos” gris.
Quizás por el carácter noble y el trato directo de la gente.
O por estar siempre al aire libre, o por ver corretear las gallinas y los pavos delante de los perros, o por ver pasar los carros de bueyes cargados de heno hasta los topes, o algún mozo “espatarrao” encima de un burro corriendo a todo correr por el pueblo (¡qué envidia!).
¿Por tantas cosas, quizás?

Lo cierto es que siempre deseé vivir en el campo, por eso también me han visto siempre como un bicho raro. Porque mis amistades, mi profesión y mi ambiente no “pegan” con eso.

Sin embargo sé que yo sí pego.
Por eso desde joven soy campero (¿campestre?).
Recorrí campings, pueblos, montes, ríos y costas, antes que ciudades y países. Y lo sigo haciendo.

Por eso me está gustando ahora revivir experiencias infantiles del pasado rural, saludar a gente que acabo de conocer y me preguntan sin pudor y sin respeto por mi vida, mi edad y mis aficiones.
Y me cuentan las suyas.
Que me dan los buenos días, sin conocerme, y me dicen: “Qué tal andamos hombre, hace frío... ¿eh?”. Sin hablarme de usted.
Que, sin conocerme, me ofrecen su ayuda y su amistad, su “caozo”, su rastrillo, su tijera podadera, sus consejos, y terminan diciendo: "para lo que quieras... aquella casa de la chimenea alta al fondo a la derecha es también tu casa".
Aunque sólo sean los fines de semana.

Por eso me gusta aquello.
Y es que cuando vuelvo aquí ya no me gusta la mirada de la gente, desconfiada, ajena, extraña.

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viernes, 24 de octubre de 2008

Aprender a bailar bajo la lluvia


Es el consejo de una buena amiga.

Aprender a superar las dificultades... y bailar.
Bailar mientras vivamos, sin rendirnos.
Bailar para “vivir”.

Una frase tan simple... y tan espléndida.

Seis palabras que expresan el triunfo en una vida.
Una frase de vida contra esa muerte que empeñamos encontrar en rincones oscuros.
Porque llueve...

Baila... baila bajo la lluvia.
Aprende a bailar con ella.
Vive... sé feliz.
Baila... baila aunque llueva.

Gracias, amiga.
Quédate cerca.

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domingo, 19 de octubre de 2008

Vivir lejos de uno mismo



Lejos...
A kilómetros de distancia.
Ignorantes de nosotros mismos.
Extranjeros en nuestra propia vida.

Sólo conscientes de dónde estamos, de quiénes somos, cuando un fino hilo tira de nosotros recordándolo.
Ese hilo que odiamos tanto.

Insatisfacciones, depresiones, ansiedades...
Vulgaridades, simplezas, necedades...

¿Tan difícil es volver a casa?
¿Tan difícil es querernos algo?

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viernes, 10 de octubre de 2008

Enésima vez


Por más que se repita al cabo de una vida, de unos siglos, y de la historia toda de la humanidad entera, nunca desaparecerá la costumbre del hombre de tropezar con la misma piedra.

Una costumbre tan arraigada en su seno que parece imposible arrancarla de su alma.
Qué obsesión con poner el pie en la misma trampa...
Qué manía con volver al mismo agujero...

No será por masoquismo, ni tampoco por ceguera.
Será por la decisión independiente y libre de cegarse voluntariamente para imaginar que lo que hay no existe.
No es y no está. Porque lo digo yo. Y yo no quiero.

¿Por qué volvieron a poner el canto en el mismo sitio?
El canto estaba....
Mentira ... ¡mentirosos sinvergüenzas!

La verdad para el hombre es que el mundo le odia.
Se empecina en hacerle ver realidades que no existen. No existen porque el hombre lo cree y lo dice. El mundo se equivoca. Y basta.
Lo peor es que la vida también se equivoca entonces.

Por enésima vez el hombre tropieza.
¿Cuándo llegará a apartarse de la maldita piedra?
Decidme amigos...
Y después de la enésima, ¿cuánto falta?

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viernes, 26 de septiembre de 2008

Bienaventurados


Los locos.
Los que os rebeláis contra las normas corrompidas.
Los que buscáis la verdad y huís de la injusticia.
Los que despreciáis la hipocresía.
Los que sangráis cuando veis el sufrimiento.
Los que tenéis el espíritu apacible y el corazón blando.
Los bienintencionados, los justos.
Los que añoráis la libertad como los pájaros del cielo.
Los que no dejáis que os confundan, ni os confundís con espejismos.
Los de mirada limpia.
Los que estáis enamorados.
Los que no sois cuerdos.

Vosotros...
Tesoro escaso, escondido, oculto.

A vosotros quiero encontrar... quiero veros.
Quiero con vosotros compartir mi existencia.
Quiero contagiarme.
Quiero enriquecerme.
Quiero que riamos juntos y lloremos juntos.
Quiero que muramos juntos.

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sábado, 6 de septiembre de 2008

Recuerdos


¿Con quién hablas, amigo?
¿Con quién compartes las dudas y el sentimiento?
¿Quiénes son esas figuras borrosas que se te acercan?
¿Tus compañeros?

No lo sé, niño.
No tuve padres, no tuve hermanos, ni tuve amigos.
Sólo fantasmas que me quisieron... fantasmas a los que quise... fantasmas que ya se fueron.
¿Hablo con alguien? ¿Acaso puedo?

Amigo, ¿te has hecho viejo?
¿No te das cuenta?
¿No ves que miras al horizonte cada momento?
He visto fotos tuyas.
¿Desde cuándo en tus ojos reina el desierto?

No lo sé, niño.
¿Me los cambiaron? ¿No son los mismos?
Ya no me acuerdo.

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lunes, 25 de agosto de 2008

Ficha


Ficha de dominó, de parchís, o lo que seas.
¡Vieja! ¿Cuánto crees que durarás?
Gastada por los manoseos y encontronazos...
¡Ay, aquellos sueños lozanos!
Estás cansada de jugar ya y no me extraña.
De esas vueltas sin sentido, de figuras inservibles, de la mesa sucia y vieja.
Te cansaste de los dedos insensibles que te mueven.
Del olor a rancio.

Si te cuentan que otros lares son más limpios, que otras mesas son más nobles, que otras manos más honestas... a pesar de que el marfil no brille en ellas...
El encanto de una lumbre, unas risas nuevas, un quehacer no obligado, un paseo libre y puro, una gente limpia, un aire sano.

Puede que allí consigas limpiar la mugre que te mata, que se templen los nervios y el corazón enmudezca... tú me entiendes.
Que las gallinas te contagien su simpleza.

Anda... vámonos con ellas.
A echarles de comer (... pitas, pitas), a hacer fuego, queso y vino.
A leer mucho y a pensar algo. Y a mirar al firmamento.
Aunque sólo sea a ratos, eso es lo que deseo.

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